28 marzo 2012

Acerca de "Bases y Puntos de Partida para la Organización Política de Argentina" de J.B. Alberdi" y "Educación Popular" de D.F.Sarmiento




III Módulo: 
Historia de la Educación






Proceso Revolucionario


Algunos de los protagonistas de la revolución de 1810 tenían ciertas ideas, que pueden asociarse a la Ilustración y al modelo de la Revolución Francesa; es decir, de manera sintética: en el optimismo, en la razón, justicia y libertad universales, el progreso, la ciencia, y en las ideas expresadas por pensadores como Voltaire o Rousseau. 
Si bien los revolucionarios del Río de la Plata pudieron tomar como propias ciertas ideas y fundamentos de la Revolución Francesa, se encontraban ausentes "las condiciones y características específicas del proceso revolucionario del país”.


Durante la década del 30 del siglo XIX, comienza en Argentina la época de un solo hombre: Rosas. Una de sus primeras medidas –justificándose por razones de economía- es la de clausurar el Colegio de Ciencias Morales que había sido Universidad en 1821 y declarar cesante a todo su personal.
Ya constituido  el régimen “Rosista”, apareció otro elemento determinante para el proceso histórico argentino: la nueva generación (un grupo de jóvenes que provenían de las elites de Buenos Aires, quienes se propusieron la organización del país, teniendo en cuenta problemas económicos y sociales que hasta ese momento nadie había cuestionado antes). 
No sólo los jóvenes del “Salón Literario”, sino también otros como Sarmiento, surgen como el nuevo grupo destinado a la formación y desarrollo del país. Si bien varios integrantes de esta nueva generación provenían de familias federales y hasta intentaron acercarse al gobierno de Rosas, fueron ignorados, lo cual derivó después en su distanciamiento y exilio de muchos de ellos. No obstante, ello no les impidió formar las críticas más duras hacia el régimen Rosista, ni escribir algunas de las obras literarias más trascendentes en toda la historia de Argentina. Además, luego de la caída de Rosas, varios de ellos serían llamados a participar nuevamente en la política argentina.
J. B. Alberdi, autor intelectual de la Constitución Argentina de 1853, fue un político y economista que estuvo vinculado a esta Nueva Generación. Se dedicó a estudiar la constitución de los Estados Unidos.
A mediados de febrero de 1852 se enteró de la derrota de Rosas en la batalla de Caseros. De inmediato se puso a escribir un tratado sobre la futura Constitución Argentina, las Bases y Puntos de Partida para la Organización Política de la República Argentina (es un tratado de derecho que sirvió como base para la constitución argentina).
Tardó apenas un par de semanas en escribirlo, y lo publicó en mayo de ese mismo año. Meses después lo reeditaría con ampliaciones, incluyendo un proyecto de Constitución, basado en la Constitución Argentina de 1826 y en la de los Estados Unidos.
Su principal preocupación (idea compartida luego por Sarmiento) era favorecer la inmigración europea.
 “Aunque pasen cien años, los rotos, los cholos o los gauchos no se convertirán en obreros ingleses... En vez de dejar esas tierras a los indios salvajes que hoy las poseen, ¿por qué no poblarlas de alemanes, ingleses y suizos?... ¿Quién conoce caballero entre nosotros que haga alarde de ser indio neto? ¿Quién casaría a su hermana o a su hija con un infanzón de la Araucanía y no mil veces con un zapatero inglés?
“Tenemos suelo hace tres siglos, y sólo tenemos patria desde 1810. La patria es la libertad, es el orden, la riqueza, la civilización organizados en el suelo nativo, bajo su enseña y en su nombre. Todos estos elementos nos han sido traídos de Europa, desde las ideas hasta la población europea.”
Lo que propone Alberdi en su obra es que para poblar la nación, sugiere potenciar la inmigración europea, especialmente de personas provenientes de Alemania, Suecia, Suiza e Inglaterra. Para lograr esto propone crear un sistema en base a beneficios; la justificación de esto es que la inmigración es necesaria para fomentar la industria y la libertad. 
 "Necesitamos constituciones, necesitamos una política de creación, de población, de conquista sobre la soledad y el desierto".


Alberdi también sugiere que la ubicación de la capital federal sea Buenos Aires (después sugiere Paraná). Buenos Aires, por ser el punto de contacto con Europa, y Paraná, por la garantía de libertad de navegación, que proveía de potencial capital al resto del territorio argentino.
J.B. Alberdi propone como modelo de estado “apropiado” para nuestro país, la forma republicana federativa (una república federal). Pero la federación vista no como una alianza, sino como un vínculo. La descentralización política y administrativa sería fundamental para que la soberanía se valga por sí misma. La idea de nacionalidad deja intacta la soberanía de los aliados.
"Será pues, nuestra forma normal un gobierno mixto, consolidable en la unidad de un régimen nacional, divisible y dividido en gobiernos provinciales limitados, como el gobierno central, por la ley federal de la República. (...) Es practicable y debe practicarse en la República Argentina la federación mixta o combinada con el nacionalismo". 
La Constitución, para Alberdi debía proteger el culto católico, pero asegurar la libertad de culto para que todos los extranjeros pudieran sentirse cerca de su lugar de origen. Esto se lograría realizando tratados de amistad con los estados europeos, como el realizado con Inglaterra (2/2/1825). Pero principalmente los intereses económicos son los primeros que se debían proteger en la Constitución, ya que la industria y el comercio marítimo y terrestre son esenciales para el desarrollo y el crecimiento de la población en nuestro país.
"La paz y el orden interior son otros de los grandes fines que debe tener en vista la sanción de la Constitución argentina (...) La paz, por sí misma, es tan esencial al progreso de estos países en formación y desarrollo"
"... la nueva Constitución argentina debe ser una constitución absorbente, atractiva, dotada de tal fuerza de asimilación, que haga suyo cuanto elemento extraño se acerque al país, una constitución calculada especial y directamente para dar cuatro o seis millones de habitantes a la República Argentina en poquísimos años: una constitución destinada a trasladar a la ciudad de Buenos Aires a un paso de San Juan, de la Rioja y de Salta, y a llevar estos pueblos hasta las márgenes fecundas del Plata, por el ferrocarril y el telégrafo eléctrico que suprimen las distancias una constitución que en pocos años haga de Santa Fe, del Rosario, del Gualeguaychú, del Paraná y del Corrientes otras tantas Buenos Aires en población y cultura. Por el mismo medio que ha hecho grandeza de ésta, a saber, por su contacto inmediato con la Europa civilizada y civilizante; una constitución que arrebatando sus habitantes a Europa y asimilándose a nuestra población haga en corto tiempo tan populoso a nuestro país, que no pueda temer a la Europa oficial en ningún tiempo".




Septiembre 16 de 1852.


Mi querido Alberdi:


Su Constitución es un monumento: es usted el legislador del buen sentido bajo las
formas de la ciencia.
Su Constitución es nuestra bandera, nuestro símbolo. Así lo toma hoy la República
Argentina. Yo creo que su libro BASES va a ejercer un efecto benéfico.
Es posible que su Constitución sea adoptada; es posible que sea alterada, truncada;
pero los pueblos, por lo suprimido o alterado, verán el espíritu que dirige las supresiones:
su libro, pues, va a ser el Decálogo Argentino: la bandera de todos los hombres de
corazón.


DOMINGO F. SARMIENTO.




“Educación Popular”


“La instrucción pública, que tiene por objeto preparar las nuevas generaciones en masa para el uso de la inteligencia individual, por el conocimiento aunque rudimental de las ciencias y hechos necesarios para formar la razón, es una institución puramente moderna, nacida de las disensiones del cristianismo y convertida en derecho por el espíritu democrático de la asociación actual.”
“Hasta hace dos siglos había educación para las clases gobernantes, para el sacerdocio, para la aristocracia; pero el pueblo, la plebe no formaba parte activa de las naciones. Habría parecido absurdo entonces, sostener que todos los hombres debían ser igualmente educados.”


“[...]El progreso en las instituciones ha tendido a este objeto primordial, y la libertad adquirida en unos países, el despotismo en otros, han contribuido a preparar a las naciones en masa para el uso de los derechos que hoy no pertenecen a tal o cual clase de la sociedad, sino simplemente a la condición humana. Hay más todavía: los derechos políticos, esto es, la acción individual aplicada al gobierno de la sociedad, se han anticipado a la preparación intelectual que el uso de tal derecho supone.”
 “Y esta igualdad de derechos acordada a todos los hombres, aún en los países que se rigen por sistemas tutelares, es en las repúblicas un hecho que sirve de base a la organización social. De este principio imprescriptible hoy nace la obligación de todo gobierno a proveer de educación a las generaciones venideras”.


Para Sarmiento, educación popular significaba educar a todo el pueblo, es decir que la educación de los pobladores era una tarea fundamental para la reconstrucción de la nación. 
A diferencia de Rosas, para Sarmiento el pueblo no era un ejército al cual se debía atacar o defender; el pueblo era un sujeto económico al cual necesitaba disciplinar, domesticarlo; la escuela era la mediación sin lugar a dudas, de esta forma CIVILIZAR sería poner a un pueblo en marcha. 
En “Educación Popular” se hace referencia al hecho de contraer hábitos, que luego se convertirán en habilidades laborales, que promoverían el círculo económico laboral del país.
En 1945, Sarmiento visita los Estados Unidos y conoce a Horace Mann, quien habría sido el impulsor del "movimiento de las escuelas populares". La pedagogía de Mann deslumbra a Sarmiento, quien tomaría como modelo en su gobierno (tiempo después) varias de sus ideas.
Este EDUCADOR entendía a la educación como el “gran igualador de las condiciones del ser humano”. Algunos críticos sostienen que fue un pedagogo cuya preocupación se centró en crear instituciones capaces de generar y mantener el control social. Podemos encontrar a la cuestión del control social en la concepción Sarmientista de educación como actividad "socialmente estabilizadora". 
Sarmiento en Educación Popular dice: "Las masas están menos dispuestas al respeto de las vidas y de las propiedades, a medida que su razón y sus sentimientos morales están menos cultivados". De acuerdo con esto, la preocupación de Sarmiento se basa en organizar a la población más antigua del territorio: el indio y el gaucho. Para él, la educación era el elemento FUNDAMENTAL para el cambio social y la modernización de la sociedad. Alberdi, por el contrario consideraba de menor importancia la eficacia modernizadora de la educación formal.
Sarmiento, aunque consideraba que la educación era prioritaria para formar ciudadanos capaces para el trabajo, pensaba también que existía una "incapacidad natural" en los habitantes de los pueblos americanos para realizar este trabajo: consideraba a algunos pobladores como "culturalmente irrecuperables". Hacía referencia a las poblaciones mestizas y aborígenes. Este será un argumento válido para defender su política inmigratoria (la que mencionamos anteriormente, que buscó en particular atraer ciudadanos de países europeos).
Para él, la educación debía ser utilitaria, racional y científica. Busca asentar las bases de un sistema educativo que él entendía como inclusivo (refiriéndose al modo de organización de EEUU) aunque otorgando al Estado un papel diferente. Sarmiento buscó que el Estado regulara la provisión de educación. Este es un punto que nos permite “entender” su política educativa: creó un alto número de escuelas y gracias a esto, aumentó la tasa de alfabetización. 



de María Belén Fernández Giaileola